El ser humano es también, como todos los fenómenos, un sistema en equilibrio fluctuante. Se mueve con los cambios del planeta, del Sistema Solar y de otras influencias cósmicas de manera similar a como lo hace ante los cambios de la biosfera, del entorno, del clima, y de la alimentación. Responde también a las agresiones físicas, a los cambios emocionales, a las fluctuaciones del régimen de descanso-actividad, en fin, a todo lo que se mueve en el exterior como en el interior de su organismo.
